Iglesia de los Hermanos de la Argentina

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El concepto de idolatría a partir de Deuteronomio y su aplicación hoy - C. La evolución teológica del concepto de idolatría en La Biblia

Indice del artículo
El concepto de idolatría a partir de Deuteronomio y su aplicación hoy
Más allá del reduccionismo: Un concepto más amplio y bíblico sobre la idolatría.
C. La evolución teológica del concepto de idolatría en La Biblia
LA IDOLATRÍA Y SU APLICACIÓN HOY
Tipos de idolatría en la iglesia evangélica contemporánea
CONCLUSIÓN
Todas las páginas

C.  La evolución teológica del concepto de idolatría en La Biblia

A continuación veremos un breve panorama de cómo el concepto de idolatría fue evolucionando y ampliándose en la historia del pueblo de Dios en las escrituras.

  • La idolatría no implicaba primordialmente la adoración a imágenes sino la lealtad exclusiva a Dios.

Al hacer un estudio más profundo sobre la idolatría en la historia del pueblo de Israel, es interesante notar que en un principio no estuvo relacionada con la adoración de imágenes o estatuas. De hecho en el santuario y el arca misma había imágenes de querubines (Ex. 37; 1 R. 6:23-35). Moisés mandó hacer por orden directa de Dios una serpiente de bronce (Nm. 21:8-9), dicha serpiente estuvo por cientos de años hasta la reforma del rey Ezequías, quien la mandó a derribar (2 R. 18:4). La pregunta lógica es ¿por qué estuvo tanto tiempo esta serpiente, sin que aparentemente nadie alzara la voz para que fuera quitada, si es que era prohibido que hubiera imágenes en el templo? Y por último, el mismo Jeroboam como estrategia política, mandó a hacer dos becerros de oro para que el pueblo ya no subiera a adorar a Dios a Jerusalén, sino que lo hicieran en el norte.

Además es interesante subrayar que nunca profeta alguno, antes de Oseas, se refirió a ninguna de estas figuras como ídolos. También en muchos hogares israelitas se mantuvieron los terafin o estatuillas familiares (Gn. 31:19-35; 1 S. 19:13-16; Os. 3:4), sin que nadie acusara a las familias israelitas de ser idolatras.[4]

La pregunta que nos queda es ¿por qué estas imágenes o estatuas quedaron libres de la prohibición hecha en Deuteronomio 5? Por ejemplo, ¿por qué se le permite a Jeroboam mandar a fabricar los becerros?

Edesio Sánchez comenta lo siguiente al respecto:

Los salmos nos dan luz al respecto. De acuerdo con varios salmos los querubines servían como pedestales del trono invisible de Dios (Sal. 80:1; 18:10). Esto significa que aquellos seres alados no eran considerados figuras de Yaweh sino que simbolizaban su presencia majestuosa. Lo mismo podría decirse de los toros. Jeroboam puso los toros probablemente para que cumplieran en el reino del norte la misma función  que tenían los querubines y el arca en el templo del Sur. Es decir pedestales que simbolizaban la presencia de Dios… De todos modos cualquiera que haya sido la función de estos dos becerros, la intención de Jeroboam fue establecer la religión Yavista en los centros religiosos del norte y no la práctica de la idolatría.[5]

Fue posteriormente, hasta que se empezó a asociar al uso de ciertas imágenes, sobre todo de animales, con cultos paganos de la región Cananea, que los profetas como Oseas y otros empezaron a denunciar fuertemente la idolatría, pero por la relación directa de dichas imágenes con los dioses cananeos  y no por las imágenes mismas.

Oseas no ataca a la figura de los toros no por su relación con Yahvé sino por su relación con baal. De modo que no se trata a un ataque a las imágenes por sí mismas sino al dios que representan… Oseas no tenía miedo de que Yahvé quedara preso en  una escultura, ya que el ser divino y majestuoso de Yahvé jamás podría ser contenido por ella. El temor de Oseas era más bien que se produjera la “baalización” de la fe Yavista… Así que la amenaza a la fe de Israel  no se daba en el nivel de las figuras relacionadas con Yahvé, sino en el de la incorporación de otros dioses en la vida de Israel. Era más bien un problema de infidelidad.[6]

En síntesis se puede decir que el verdadero problema de la idolatría no eran las imágenes o estatuas por sí solas. Estas no eran nada en sí mismo, sino lo que representaban -- en este caso, los dioses de las naciones paganas a los cuales Dios le había dicho al pueblo que no sirvieran. El problema entonces es un problema de corazón y de  lealtad radical. Sólo Yahvé era digno y merecedor de recibir la adoración, no ningún Baal o dios extraño que no había hecho nada por Israel.

  • La idolatría como cosmovisión antagónica a la cosmovisión bíblica

¿Por qué Dios era tan radical y celoso con relación a que Israel le diera sólo adoración a él? El problema no era, como ya dijimos, la simple veneración a las estatuas, sino lo que estas representaban. Los dioses de las demás naciones representaban una cosmovisión en la cual se justificaba la opresión y la injusticia y la acumulación de riqueza y poder sin importar pisotear o denigrar al prójimo.

La cita a continuación lo demuestra claramente:

El Enuma elis, famoso poema babilonio de la creación, fue una especie de apologética mítico-política del surgimiento de Babilonia, antes una ciudad poco grande ni importante, al derrotar a ciudades asirios como Nipur y Eridu. Como señala  Croatto (1980:33), las violencias de Marduk en dicha saga representan y avalan a la vez la victoria de Babilonia sobre Asiria y de Marduk sobre el dios Asur. “Trasladado esto al plano político”, este mito “significaba que cada ciudad-estado aspiraba a la hegemonía sobre otras ciudades” (45). “Una política imperial de expansión cada vez mayor es el corolario automático de la ascendencia de Marduk sobre todos los demás dioses… En Egipto, también el Faraón era considerado como una deidad, una especie de representante encarnado de dios (Croatto 1980:41). Tal rango sacral le autorizaba para gobernar autoritariamente sobre su propio pueblo y para subyugar militarmente a otros pueblos. Para Asiria, como para Egipto y otros regímenes antiguos, la conquista de otros pueblos era asunto de guerra santa. “El rey, como comandante supremo y sacerdote, rendía cuentas a la divinidad de las conquistas realizadas...[7]

Sin lugar a dudas en esta cosmovisión cualquier sistema o ideología política opresora estaba justificada. Como justificada quedaba cualquier tipo de injusticia social. Es por ello que los profetas atacaron tan enérgicamente y sin tregua a la idolatría en Israel, porque al darle la espalda a Dios, Israel también estaba dejando a un lado el proyecto de ser una nación que modelara los valores de justicia y equidad y su misión de ser de bendición a las naciones. Todo lo opuesto, al dar cabida en su vida como pueblo a los dioses paganos, también estaba dándole cabida a las cosmovisiones de injusticia, opresión y muerte.

La idolatría de Israel, en tiempos de Elías y Eliseo, no comenzó con una decisión de rechazar a Yahvé a favor de Baal, sino con el intento de achicar y manipular a Yahvé por medio de una paulatina “baalización del Yahvismo”. No consistió en adorar a Baal en lugar de Yahvé, sino adorar a Baal al lado de Yahvé y además de Yahvé. Poco a poco penetró sutilmente la idea de que no había problema en adorar a ambos dioses, y ambos estarían contentos, para asegurar mejor la prosperidad de la nación.[8]

Cuando Israel tristemente deja a Dios y se va en pos de los dioses paganos y los adora, absorbiendo así sutil y paulatinamente sus valores, también se  va acercando a otros tipos o manifestaciones idolátricas, de las cuales los profetas como Isaías, Amós, Oseas, Jeremías, entre otros nos hablan categóricamente. A continuación describiremos brevemente cada una de esas prácticas a las cuales también se refiere la Biblia como idolatría.

  • La idolatría como culto al poder

La idolatría no consiste únicamente ni principalmente en la veneración de imágenes, ni tampoco requiere renunciar abiertamente al Dios verdadero.  Para ser idólatra basta tener otros valores supremos al lado de Yahvé. El A.T. habla de “ir tras dioses extraños”, los ídolos de los pueblos vecinos, pero también denuncia una idolatría más sutil. Según los autores bíblicos, idolatría es también poner su confianza en algo o alguien que no es Dios.[9]

Israel dejó pronto su confianza en Dios quien le daba las victorias ante sus enemigos y decidió confiar en otros poderes, o dicho más específicamente, en otras naciones más “poderosas”, a pesar de que Dios les había advertido por los profetas que no confiaran en ellas sino en él.

El poder, según la Biblia”, escribe Caravias (s.f., p.14), “también puede ser un ídolo. Se trata del poder considerado como un valor absoluto, ante el que se depositan todas las esperanzas, ya sea el poder de las grandes potencias o simplemente el poder nacional, regional o aun el local y familiar.” Mientras en toda la tradición extra-bíblica la autoridad estatal se trataba como sagrada, en la tradición profética judía se ve como una tentación idolátrica.[10]

Cualquier rey o emperador sea de Israel o de las demás naciones que se atribuyera la gloria de tener el poder y no reconociera a Dios como la fuente de su poder, caía en una actitud idolátrica la cual era severamente castigada por Dios. Ejemplos como el rey Uzías en Israel o el rey Nabucodonosor de Babilonia nos advierten a no caer en la idolatría del poder y nos enseñan categóricamente que sólo de Dios es el poder.

El siguiente párrafo de Edesio Sánchez Cetina resume bien el craso error de Israel de confiar más en el poder propio o de las demás naciones y no en su Dios.

La historia de la idolatría en el testimonio bíblico no termina con los dioses y sus ídolos. Israel no sólo se sintió tentado a abandonar a Yahvé para seguir a otros dioses y adorar a sus ídolos, también pecó de idolatría al depender del poderío militar y político, propio y ajeno. (Os.10:13; 8:9; cf. 5:13; 7:8-12; 12:2; Is. 30:1-5; Jer. 2:18, 36-37; Ez. 16:23).[11]

  • La idolatría como culto a las riquezas.

La Biblia, y sobre todo el Antiguo Testamento, nos plantean una teología muy clara acerca de los bienes materiales. El principio básico y punto de partida es que el universo entero pertenece a Yahvé, Creador de todo y su único dueño (Sal. 24:1-2; Lv. 25:23). Es por ello que en la Biblia no se ve el concepto de propiedad privada como hoy en día. Para Dios toda propiedad es en última instancia un préstamo, nosotros no somos dueños en el sentido estricto de la palabra de ni una tan sola parcela de tierra. Lo que sí somos es mayordomos de los bienes que tenemos; aun la fuerza, la salud y la inteligencia son regalos de Dios para producir riqueza (Dt. 8:17-18).

Los profetas combatieron duramente este culto a las riquezas. El proceso comenzó con el profeta Amós, con denuncias fuertemente concentradas en las injusticias económicas. Amós condenó con mucho detalle los lujos ostentosos de los privilegiados. Los ricos comen corderos selectos y terneros engordados (6:4) y beben vino en tazones (6:6; 5:11; cf.; 2:12). Sus mujeres (“vacas de Basán”) dicen a sus esposos, “¡Tráigannos de beber!” (4:1). El problema no era los lujos en sí mismos, sino que estos lujos eran a costa del pueblo. Era ganancia deshonesta, con usura. Y mientras ellos se daban la gran vida en los palacios, la gente moría de hambre en las calles. La siguiente cita de Amós ilustra elocuentemente esto:

“Proclamad en los palacios de Asdod y en los palacios de la tierra de Egipto y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria y ved las muchas opresiones en medio de ella y las violencias cometidas en su medio. No saben hacer lo recto dice Jehová, atesorando rapiña y despojo en sus palacios” (Amós 3:9-10).

Amós no fue el único de los profetas en desnudar este tipo de idolatría en Israel, sino también profetas como Oseas, Isaías, Malaquías y Jeremías. Todos arremetieron duramente contra estas prácticas idolátricas de adorar tanto las riquezas que se olvidaban de su prójimo.

Pero fue un profeta mayor que todos estos, el que resumió de manera contundente y quién nombró directamente al amor y la confianza al dinero como idolatría. Él dijo en una ocasión: “Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt. 6:30; Lc. 16:13). Este proverbio de Jesús plantea radicalmente la actitud hacia el dinero: ¡o Dios o Mamón! ¿Cuál de esos dos va a gobernar mi vida? Nadie puede servir a ambos. La búsqueda de la riqueza me reduce a esclavo de ella y no puedo servir realmente a Dios.

Como hemos podido ver en esta sección, el concepto de idolatría en la historia del pueblo de Dios pasó por diferentes etapas y fue evolucionando con el tiempo, teniendo otros matices y aplicaciones más amplias de las que pudiéramos ver en un primer  acercamiento. Este análisis nos demuestra la profundidad y el alcance que tenía este concepto para Israel, el cual iba más allá de un simple adorar imágenes. También nos sirve  para profundizar en las diversas aplicaciones que tiene el tema de la idolatría para nosotros hoy. Esto es lo que procuraremos desarrollar un poco más a detalle en la siguiente y última sección.

 



 

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