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Salmo 121: Un Salmo para Pastores y Líderes

(Una vuelta de tuerca al problema del liderazgo)
por Eduardo Coria

Algunos no ven el problema. Otros dicen que no es un problema. Otros no le prestan atención. Otros son parte del problema. Quizás muchos son parte del problema.

“Ufa”, dirá alguno. “¿Y cuál es el problema?” Permítanme definirlo así, con el Salmo 121: SE TRATA DEL PROBLEMA DE PONER LOS OJOS EN LOS MONTES Y NO PONERLOS POR ENCIMA DE LOS MONTES.


   Antes de considerar este problema en profundidad, digamos algo acerca del Salmo 121. Como lo indica el subtítulo en algunas traducciones de la Biblia, se trata de uno de los Salmos catalogados como “Cánticos Graduales”. Cito a continuación un breve trabajo del Licenciado Yeuda Ribko, profundo conocedor del ritual judío:

    Los “cánticos graduales o de ascensión”, son los salmos que comienzan con una expresión introductoria: “Cántico gradual” (Shir hamaalot), expresión que significa: Cántico de los peldaños, o de la ascensión. Estos salmos son en total 15, desde el 120 al 134.

    ¿Qué significa esta expresión? Hay varias explicaciones:

   1. Jerusalén está situada a más de 750 metros sobre el nivel del mar. Por lo tanto, los peregrinos “subían” a Jerusalén por gradas o escalones.
   2. Otro razonamiento es el que menciona que estos quince Salmos eran entonados por los peregrinos que ascendían a Jerusalén para las festividades.
   3. El Salmo que sí cantaban los peregrinos que subían a Jerusalén durante las festividades era el 130. La razón para esto, es que buscaban el perdón de Dios por sus pecados, para conseguir la “elevación” espiritual imprescindible para presentarse ante la “presencia” de Dios, en Su Monte Santo. El mismo texto del salmo nos da un idea de ascensión, pues se comienza cantando desde lo profundo, en dirección al Eterno (lo excelso entre lo elevado), finalmente terminando con la esperanza del perdón, sinónimo a “proximidad” con el Eterno. Por esto es que este salmo es conocido (exclusivamente) como el “cántico de los peregrinos”.

   4. El lugar de recitación original y principal de estos salmos era en el Templo, sitio elegido por Dios para catapultar espiritualmente a las personas. Por lo cual, son conocidos como “salmos de ascensión”.

      Entre el Mundo y Dios hay una infinita gradación de menor a mayor perfección. Es misión de los humanos caminar los peldaños en dirección a Dios, al mejoramiento.  Y, como podemos advertir, se habla en estos salmos de “gradas” (en plural) y no de “grada”, para indicar que cada persona cuando modifica su “grado” de perfección lo hace en grandes medidas, y no en pequeños pasos; por lo cual, la responsabilidad es enorme, para no fracasar, y sí triunfar en lo que es realmente valioso.

      El Salmo 127, dedicado a Salomón, constructor del Templo, es precisamente la indicación de que el Templo tiene especial relevancia en estos salmos; lo debemos relacionar con el salmo 122 que alaba a la persona que tiene a Dios como meta (cuya “morada” está en Jerusalén).

   5. Estos salmos eran cantados y musicalizados por los levitas en el Templo, un salmo por cada peldaño que ascendían. Para comprender esto, debemos recordar que entre la sección de varones judíos, y la zona de mujeres existían 15 escalones, el mismo número que la cantidad de estos salmos.
   6. Ibn Ezra nos da una idea complementaria. Además de la ascensión espiritual, aparte de los escalones en el Templo, debemos comprender el “cántico gradual”, como una indicación musical, perdida en la actualidad, seguramente de un tono gradualmente ascendente.

     Esta mirada judía sobre los Salmos pertenecientes a la categoría de “Cánticos Graduales” resulta muy ilustrativa, y abre una perspectiva espiritual realmente interesante sobre ellos. Si en lugar de ver lo de gradual como algo meramente físico, de ascenso hacia Jerusalén, o referido a 15 escalones, lo vemos como el ascenso del creyente hacia Dios, esta colección de 15 Salmos adquiere otro valor, un sentido mucho más elevado. Y es en esta categoría donde se ubica el Salmo 121.

   Cuando leí las palabras del Licenciado Ribko me sorprendió la coincidencia entre sus pensamientos y lo que yo había estado rumiando durante un tiempo. O quizás sería mejor decir que, con sus palabras, se terminó de aclarar en mi mente lo que quería compartir con mis consiervos en la obra del Señor con relación al Salmo 121.

¿A QUIÉN MIRO? ¿A LOS MONTES O AL SEÑOR?

   Digamos que los montes son el plano inferior, el de la tierra. Puede tratarse de montes altos o muy altos, pero no son sino meras protuberancias de la corteza terrestre que apenas se elevan unos cientos o miles de metros por sobre el nivel del mar. Los montes son de esta tierra, no pertenecen al cielo ni pueden alcanzar el cielo. Están anclados al plano inferior. Como nosotros.

   Con frecuencia estamos poniendo nuestros ojos en lo terrenal. Implementamos las estrategias para la iglesia en base a estrategias mundanas. En lugar de pastores del rebaño parecemos gerentes de mercadeo de alguna empresa. Elaboramos planes, fijamos metas, implementamos procedimientos con la mirada puestas en los “montes”, en la tierra. Pensamos que los números determinarán nuestro éxito. Como en la tierra. Si somos muchos, somos buenos. Exitosos. “Súper” siervos de Dios.

   Alzamos los ojos a los montes de otros “siervos”. Si son más altos que los nuestros, los envidiamos “santamente”. Copiamos sus estrategias. Imitamos sus métodos. Porque mi monte debería ser, por lo menos, tan alto como el de ellos. Si nosotros tenemos apenas algunas “lomitas”, nos sentimos frustrados, empequeñecidos, fracasados. Nos importa mucho formar parte de esa elite de grandes pastores de grandes iglesias de grandes orgullos.

   Pero en lo secreto, vivimos consumidos por el pecado de la envidia. Envidia que solemos disfrazarla de estímulo. Estímulo para crecer, estimulo para multiplicar, estímulo para empujar nuestra loma para que se transforme en una montaña que estimule a otros a imitarnos (pero no a superarnos, ah, no). Y envidiamos a quienes en pocos años pasaron de algunas docenas a muchos cientos. O de algunos cientos a muchos miles… Concurrimos a seminarios y talleres sobre iglecrecimiento. Porque para ser exitosos tenemos que crecer numéricamente. Y mucho. Y explosivamente. Estamos convencidos que el término megaiglesia es infinitamente superior a iglesia.

   Los montes también podrían ilustrar los obstáculos que enfrentamos nuestro ministerio. No sé si está enterado, pero en la obra del Señor no faltan obstáculos… Materiales, espirituales, emocionales, de pecados propios o ajenos, de caracteres diferentes, de relaciones interpersonales, de filosofías de ministerio diferentes, de hermanos que se enferman, que se van, que nos critican, que insisten en que “en esta iglesia no hay amor”, etc.

   Los obstáculos pueden ser reales o imaginarios. Pero si yo los veo como obstáculos, por imaginarios que sean funcionan como reales. 
 

Salmo 121


Jehová  es tu guardador

Cántico gradual.

                              1 Alzaré mis ojos a los montes;

                                  ¿De dónde vendrá mi socorro?

                              2  Mi socorro viene de Jehová,

                                  Que hizo los cielos y la tierra.

                              3  No dará tu pie al resbaladero,

                                  Ni se dormirá el que te guarda.

                              4  He aquí, no se adormecerá ni dormirá

                                El que guarda a Israel.

                              5 Jehová es tu guardador;

                                  Jehová  es tu sombra a tu mano derecha.

                              6 El sol no te fatigará de día,

                                Ni la luna de noche.

                              7 Jehová te guardará de todo mal;

                                  El guardará tu alma.

                              8 Jehová guardará tu salida y tu entrada

                                Desde ahora y para siempre.

 

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