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21 años en Europa
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Antes de verse forzados a buscar una nueva patria debido a la persecución que se desataría, el nuevo grupo organizado por los Hermanos desarrolló una gran actividad en Europa, y los humildes esfuerzos de estos fervorosos hermanos trajeron bendición y prosperidad durante veintiún años. Tenían un fuerte sentido de la urgencia por dar a conocer más allá de sus fronteras el mensaje que había cautivado sus corazones. Desde el comienzo mismo el grupo pensaba que las palabras de Dios a Adán y Noé “Fructificad y multiplicaos” tenían que aplicarse espiritualmente. Este serio e inspirado espíritu misionero que había en el grupo de aquellos primeros tiempos daba evidencias de que el movimiento era de Dios. Su entusiasmo se extendió dpueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, y continuamente se agregaban nuevos miembros al grupo. ¡Es muy inspirador el hecho que la Iglesia de los Hermanos nació con una real pasión misionera!
En poco tiempo (para el año 1715, unos 7 años después del comienzo) se había establecido una gran congregación en Schwarzenau, y desde este centro muchos fueron a otras partes de Alemania y comenzaron otras iglesias. A partir de su nacimiento el movimiento se extendió rápidamente; así lo indica el nacimiento de una congregación en Marienborn (al noreste de Schwarzenau), y el establecimiento de una congregación en Epstein. Pero con frecuencia los hermanos que habían salido para establecer nuevas iglesias eran perseguidos por las tres iglesias estatales. En Marienborn y Epstein hubo tanta oposición que los hermanos debieron exiliarse. Encontraron refugio en Creyfelt, un lugar importante sobre el río Rin, al norte de Colonia.
Creyfelt llegó a ser el segundo lugar importante en la historia de los Hermanos en Europa. Allí había muchos Menonitas, y la tradición nos dice que los Hermanos celebraron algunas de sus reuniones en las casas de reuniones de los Menonitas. Cuando se desató la persecución en Creyfelt, un gran grupo de Hermanos dejó el país y finalmente emigraron a Norte América Hay evidencias de que algunos Hermanos hallaron refugio en Prusia, Holanda y Suiza.
En esos primeros tiempos la vida de los Hermanos debe haber sido muy sencilla. Todo parece indicar que no poseían templos de ninguna clase. Debido a las dificultades propias de la época, muy difícilmente podrían dedicarse a construir templos. Es probable que para adorar al Señor se reunieran en hogares, galpones u otros lugares accesibles para ellos. Como mencionamos más arriba, los Hermanos de Creyfelt a veces se congregaban en alguna casa de reunión de los Menonitas. En este aspecto los Menonitas se asemejaban mucho a los Hermanos que vinieron a América, porque durante muchos años no levantaron ningún edificio para la iglesia, sino se reunían en hogares. Tanto los Hermanos como los Menonitas revivieron la experiencia de muchos creyentes del Nuevo Testamento que adoraban y se reunían en “la iglesia que está en tu casa”. No hay registros en cuanto a la celebración de conferencias ni informes de sus reuniones en aquel tiempo; parece que no le daban importancia a estas cosas.
No conocemos la cantidad de Hermanos que había en Europa, pero evidentemente eran numerosos. Alguien ha dicho: “No nos equivocaremos si decimos que los ocho miembros originales en veinte años (desde 1708 hasta 1728) llegaron a ser mil”.
¿Con qué nombre se conoció a este primer grupo de pioneros? De acuerdo a varios historiadores, preferían llamarse Hermanos. ¿Podrían haber adoptado un nombre mejor que ese, y que armonizara más con la relación de los creyentes con Cristo y con los demás hermanos? En Mateo 23:8 dice: “Uno es vuestro maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos”. Aunque ellos preferían este nombre a todos los otros nombres, no hay ningún registro de que lo adoptaran oficialmente en ese momento.
A los Hermanos se les aplicó distintos nombres, a veces en son de burla. Debido a su insistencia en la inmersión como único método de bautismo se los llamó Tunkers. Esta palabra proviene del alemán tunker (o dunker, o taufer), que significa sumergir o zambullir. Pero más allá del nombre por el que fueron calificados, los Hermanos amaban la Biblia, vivían y predicaban la Biblia, y eran totalmente sinceros al practicar la sencillez del Evangelio y abogar por ella. Para la gente eran “fanáticos”, pero esto no significa que lo fueran. Simplemente deseaban vivir de acuerdo a lo que la Palabra de Dios les decía. ¡Deseaban imitar el Cristianismo del Nuevo Testamento!
Aunque los Hermanos permanecieron en Europa durante un tiempo relativamente corto, experimentaron grandes dificultades casi desde el comienzo mismo de su movimiento, dificultades provenientes tanto de fuera como de dentro de sus propias filas. Algunos de los problemas externos fueron persecuciones y destierro debido su desacuerdo con las iglesias estatales (Católica, Luterana y Reformada).
Entre los casos de persecución que han quedado registrados está el de John Naas (1669–1741), que fue uno de los hombres más capaces de la Iglesia en Europa. Era un hombre prominente, y posiblemente su influencia equiparaba a la de Mack. En 1715 estaba viajando junto con Jacob Priesz desde Creyfelt a Marienborn y Epstein, proclamando el Evangelio de Cristo. En esa época Creyfelt estaba bajo el dominio del rey de Prusia, y algunos de sus oficiales estaban recorriendo el país reclutando gente para el ejército Prusiano, y a todos los que eran aptos físicamente se los obligaba a entrar en el servicio militar. El Rey estaba especialmente deseoso de rodearse de hombres altos y fuertes para su guardia personal. John Naas convocado para eso, pero se negó a alistarse porque sus convicciones religiosas le prohibían tomar las armas contra el prójimo. Entonces le torturaron; primero le pincharon y le torcieron los pulgares, pero siguió rehusándose; entonces tomaron una cuerda y le colgaron del dedo pulgar izquierdo y el dedo grande del pie derecho. Siguió rehusándose. Finalmente, no queriendo matarlo, lo descolgaron y lo llevaron delante del rey, quien le preguntó por qué se rehusaba estar al servicio del rey. “No puedo, porque hace mucho tiempo me alisté en el ejército más noble y mejor; y no puedo traicionar a mi Rey”. Cuando el rey observó las convicciones de Naas, y su propósito inquebrantable, le dio una moneda de oro como recompensa por su fidelidad, y le liberó.
Otro caso semejante fue el de Christian Libe, a quien capturaron y le obligaron a cumplir una condena remando en un barco, encadenado a hombres malvados. Finalmente, después de cuatro años de esclavitud, fue liberado y devuelto a su hogar.
Algunos miembros de la iglesia fueron despojados de sus propiedades, pero se sometieron gozosos. Otros sufrieron cadenas y prisiones, algunos por corto tiempo y otros por varios años. Los Hermanos iban de un lugar a otro, y a veces congregaciones enteras se mudaban de una localidad a otra. Éste fue el caso de la iglesia de Marienborn, que en 1715 huyó en su totalidad a Creyfelt en busca de protección. En 1720, después que muriera un conde amigo, la congregación de Schwarzenau se encontró con una situación intolerable, y toda la iglesia escapó a Friesland Oriental. Como prueba de que aquella fue una persecución inmerecida, contamos con un documento estatal muy interesante procedente del gobernador en Schwarzenau (1720). En este informe oficial dirigido al tesorero imperial, se dicen cosas como ésta:
Esta “gente piadosa ha estado viviendo aquí, y nunca se ha escuchado nada malo de ellos. Han vivido reposada y austeramente, y nadie se ha quejado de ninguno de ellos. Últimamente, 40 familias de ellos, unas 200 personas, se han ido del país”.
En ésta y otras citas semejantes puede percibirse fácilmente que en aquellos tiempos nuestros antepasados espirituales tuvieron que pagar un precio para mantener sus convicciones. |
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